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2000-2002, Actualidad Ambiental.

Por Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS

Con el inicio de una nueva campaña electoral, surgen promesas y sueños propios del realismo mágico y cada uno de nosotros recobra las esperanzas por un municipio limpio, seguro y confortable. Sueños que solo serían posibles de cumplir, con una gestión ambientalmente responsable, propia de aquellas autoridades que no anteponen sus necesidades a las del colectivo; un soberano que tiene en sus manos la única opción para elegirlos.

Diversas instrumentos jurídicos otorgan a los Municipios funciones específicas para promover una gestión ambiental eficiente y efectiva, entre ellas la Ley Orgánica de Régimen Municipal. Esta Ley, decretada en el año 1.989, expresa claramente en su artículo 36 las competencias ambientales que contribuyan a satisfacer las necesidades y aspiraciones de la comunidad.

Sin embargo, poca gente conoce tales funciones y atribuciones. Por otro lado, pocos son los Alcaldes y Concejales que están al tanto de sus responsabilidades en el sector ambiental.

Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros sabemos que Alcaldes y Concejales son los máximos responsables en el ámbito municipal de la protección ambiental?. ¿Cuántos de nosotros nos hemos percatado del papel del Municipio en la construcción y mantenimiento de acueductos, cloacas, drenajes y tratamiento de aguas residuales?. ¿Es que acaso al autorizar un desarrollo urbanístico en zonas frágiles y sin vocación residencial, no estamos contraviniendo el marco jurídico venezolano?. ¿Qué pasó con las áreas verdes, jardines, plazas, playas, balnearios y otros sitios de recreación y deporte bajo el ámbito municipal?. ¿Qué debemos hacer para que se organice eficientemente el tránsito de vehículos y personas en nuestra comunidad, y que los ruidos molestos desaparezcan en nuestras preciadas horas de descanso?

Probablemente no encontremos con facilidad respuesta a estas interrogantes, pero un Alcalde y una Cámara Municipal ambientalmente responsable si debería poder suministrarlas.

Nuestro país necesita gerentes y legisladores municipales capaces de motorizar a todos los ciudadanos hacia la reconciliación y compromiso con su entorno, buscando el beneficio colectivo, por encima de las posiciones individualistas.

El clientelismo político, y también social, cada vez pierde más vigencia, pues se imponen nuevos estilos de gestión basados en principios universales como la solidaridad, la transparencia administrativa y la gobernabilidad participativa.

Los venezolanos informados, estaremos muy atentos de la gestión ambiental de nuestros alcaldes, así como de aquellos Concejales que serán elegidos próximamente. Ya basta de echarle la culpa al resto de las organizaciones gubernamentales, que sin estar exentos de culpa, pocas veces logran coordinarse efectivamente con las máximas autoridades municipales, quienes están obligados a cooperar en temas claves para el desarrollo nacional, como la salubridad pública, el desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

Es probable que muchos de nuestros candidatos aún desconozcan sus compromisos ambientales con la presente y las futuras generaciones.

En nuestras manos está otorgar la oportunidad a los que realmente estén en capacidad de actuar en forma responsable, por un ambiente sano para todos sus ciudadanos

Este artículo fue publicado en la Columna “Importancia vital”, Sección Economía, del Diario El Globo (28/11/00)

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