Conservación y Desarrollo Sostenible en Venezuela   1992-2002

 

Visión de la Sociedad Civil en la Implementación de la Agenda 21

Evolución del Contexto Institucional

Al momento de realizarse la Cumbre de la Tierra, Venezuela vive un momento de especial importancia en su movimiento gubernamental y no gubernamental.

Por un lado el país cuenta con el primer Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables de Latinoamérica y único hasta la década de los 90, hoy Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARN). Por el otro, la década de los 80 marcó el surgimiento y el fortalecimiento de los órganos de integración, tipo redes y coordinadoras, de carácter regional o temático, por lo que la década de Río a Johannesburgo es recibida con un movimiento ambiental y social amplio, diverso y altamente reconocido por su importancia para la sociedad.

Lejos de promoverse un proceso coordinado, con visión de futuro, progresivo en su diseño e implementación, coherente con las necesidades de desarrollo y ajustado a la complejidad ambiental de Venezuela, en solo 10 años de gestión ambiental nuestro país ha propiciado al menos tres procesos estructurales de reestructuración general de la máxima autoridad ambiental del país representada por el MARN y al menos 45 cambios en su alta gerencia a nivel de Direcciones Generales, sin contar que en 10 años de gestión, hemos tenido 7 Ministros del Ambiente y 7 presidentes del Instituto Nacional de Parques, algunos de ellos sin una formación técnica sólida en la materia para ser realmente efectivos.

Las consecuencias de este alta rotación de los niveles estratégicos y tácticos en la gestión oficial, ha generado continuos cambios en el estilo y las políticas de gestión determinadas por la ausencia de una planificación estratégica que supere la actuación administrativa de un determinado gobierno. Así vemos como algunos proyectos que se iniciaron en una administración fueron desechados o eliminados en otra gestión, en tanto que otros se iniciaron con muy buen diseño, pero nunca arrancaron.

En el caso de Hidroven y la Cartografía Nacional (hoy Instituto Geográfico Simón Bolívar) estas organizaciones han tenido 3 presidentes y 2 directores generales respectivamente, con lo cual se ha podido garantizar la continuidad de algunos de los problemas, aunque en opinión de diversos especialistas, la continuidad no necesariamente es sinónimo de efectividad.

El Sistema de Información REVISA (Red Venezolana de Información Social para la Acción) y el fichero de organizaciones de desarrollo Portafolio Social desarrollados por SOCSAL, presentan de manera sistemática información de más de 1.000 organizaciones de desarrollo, con más de 1.500 acciones o programas en diversas áreas, dirigida a una variada población, principalmente de escasos recursos, con el fin de alcanzar cada vez más un mayor bienestar en procesos democráticos participativos (Vargas, 2000).

En la década de los 90 se crean diversas redes, coordinadoras y consorcios dedicados a la infancia, vivienda, educación, género y economía popular. Su predominio geográfico es fundamentalmente hacia el norte, centro y occidente del país, donde se concentra alrededor del 80% de la población (Vargas, 2000).

La década de los 90 también se caracterizó por una alta capacidad de respuesta técnica en las diferentes instancias públicas y privadas. Ello se tradujo en la cantidad de acciones y decisiones que en materia administrativa se tomaron, incluyendo la elaboración de planes, programas y proyectos, que llegaron a contar con el financiamiento de diversas instituciones bilaterales y multilaterales.

En el año 2000, la Red de Organizaciones Ambientales No Gubernamentales de Venezuela (Red ARA) bajo la coordinación de Fundación Tierra Viva y con el apoyo de Fundación Polar, Fundación Banco Mercantil, el Banco Mundial, Petróleos de Venezuela (PDVSA), SOCSAL y WWF, llevó a cabo una investigación que demostró que para la fecha existían más de 400 instituciones en el país, cuyo espectro abarcaba organizaciones de base, asociaciones civiles, fundaciones privadas, redes y fundaciones empresariales. Como producto de esta investigación se produjo un directorio donde se incorporaron estas instituciones.

El mencionado estudio, señaló que 54% de las ONG ambientales habían sido creadas entre 1990 y el 2000, pero que la presencia de estas organizaciones nacidas del interés de los ciudadanos de agruparse para conocer y conservar el ambiente data de finales de los años 30.

Posiblemente la erupción de las ONG ambientales entre los 80 y 90 esté vinculada al reconocimiento de la riqueza biológica del país, la profesionalización del sector, la referencia del movimiento internacional en pro del planeta, la baja capacidad de los organismos del gobierno y su propia responsabilidad en la generación de muchos problemas ambientales, junto a la necesidad de participación del ciudadano en los asuntos vinculados a la conservación del medio (Luy, 2002). De ese período son, entre otras, PROVITA, EcoNatura, Fundación Tierra Viva, SOCOCARACAS, ACOANA, Fundación de Parques Nacionales, Ecojuegos y Fundhonat. De más reciente data son Fundación Agua Clara, VITALIS y Bioparques.

Es importante reconocer que como representantes de organizaciones privadas y sin fines de lucro, muchas - sino todas - ONGs de carácter ambiental, frecuentemente están sujetas a la vulnerabilidad asociada a la consecución de recursos económicos y humanos para el logro de sus objetivos (Luy, 2002). Posiblemente el mayor reto de las ONG ambientales del país sea la sustentabilidad económica que garantice la continuidad de sus acciones en pro de la educación, la conservación, el desarrollo sustentable, y en última instancia, de una mejor calidad de vida de los venezolanos.

Sobre este particular destaca el trabajo de las Redes en Venezuela, tales como REDSOC, ARA, Red Agroecológica Venezolana, SINERGIA, el Comité Venezolano de la Unión Mundial para la Conservación (UICN), FORJA, la Red de Alerta Petrolera (Oil Watch) y CERA-Lara, entre otras, quienes han logrado establecer mecanismos permanentes de intercambio de información y cooperación, en áreas claves del interés nacional.

De acuerdo con REVISA, la población atendida en forma directa por los 1.500 proyectos anteriormente mencionados, y ejecutados por las ONG, alcanza 3.384.434 personas, impactando en número de servicios a 8.703.308 personas, lo cual alcanza a un tercio de la población del país en condición de pobreza (Vargas, 2002).

En relación a los poderes legítimamente establecidos, la reciente creación de la Defensoría Ambiental, dentro de la Defensoría del Pueblo, llenó de muchas expectativas al sector. Sin embargo, su actuación parece no haber respondido a las exigencias de la colectividad, por lo que resulta imprescindible sincerar sus capacidades y funcionamiento (VITALIS, SVDA y UNIMET, 2002).

En cuanto al Ministerio Público, la Dirección General de Ambiente de la Fiscalía General de la República, creada en el año 2000, ha logrado mantener la atención de denuncias de hechos violatorios de la normativa ambiental y contrarios a la defensa, conservación y mejoramiento del ambiente formuladas por cualquier persona, natural o jurídica que tenga conocimiento de tales hechos. Si bien siempre ha existido la fiscalía ambiental dentro de esta dependencia, el rango de Dirección Ambiental le otorga al sector una mayor atención y responsabilidad, pese a que aún su capacidad de actuación y respuesta sigue siendo limitada (VITALIS, 2002). Vale mencionar que los órganos con competencia especial en lo ambiental comprenden a la Fuerza Armada Nacional, por órgano de sus componentes cuando estuvieren ejerciendo funciones de investigación de delitos en el ámbito de sus atribuciones legales (Armada y Guardia Nacional), el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, y cualquier otro órgano al que se le asigne por Ley esa competencia.

En este sentido, destaca la continua labor de la Guardia Nacional y la Armada de Venezuela, pese a las serias limitaciones presupuestarias que no les permiten desplegar sus acciones de manera satisfactoria en todo el territorio nacional, particularmente en lo relativo al ejercicio de las funciones de guardería y control, la investigación científica de apoyo a los procedimientos, y la educación y extensión, según sus áreas de competencia. Son órganos de apoyo para dirigir y ejecutar las investigaciones ambientales las policías estadales, municipales y los servicios mancomunados de policía, los órganos dependientes del Poder Ejecutivo encargados de la Protección Civil y administración de desastres; los cuerpos de bomberos y de administración de emergencias; los cuerpos policiales de inteligencia; las unidades de servicio autónomo, secciones, departamentos y demás dependencias de las universidades e institutos tecnológicos y científicos de carácter público y privado, todas dedicadas a la investigación y desarrollo científico, entre otras.

Un elemento a favor del fortalecimiento de la gestión ambiental durante esta década es la consolidación de la gestión descentralizada en las competencias municipales, que ha conllevado a la creación de diversos Institutos Autónomos de la Gestión Ambiental, y ha elevado al rango de Direcciones Generales de Ambiente algunas unidades operativas de Gobernaciones y Alcaldías. El desafío de estas instancias está en lograr los recursos financieros para funcionar cabalmente, y realizar las coordinaciones pertinentes con las autoridades locales nacionales y regionales.

El proceso de descentralización de los poderes públicos no ha sido uniforme en todos los estados, pues la transferencia de recursos se ha visto obstaculizada por mecanismos burocráticos y político-partidistas. Sin embargo, en el camino de la descentralización de competencias a nivel institucional, se percibe un avance significativo por cuanto las regiones tienen poder decisorio en lo relativo a la solución de los problemas que directamente los afectan.

Es el caso de las competencias delegadas a los municipios en materia ambiental no puede negarse que se trata de un avance significativo, pero no se ejercen dichas facultades, por razones que veremos más adelante, como la falta de mecanismos para exigir su cumplimiento y en otros casos por desconocimiento de las obligaciones que les han sido transferidas. Frente a esta situación, se hace indispensable la capacitación a nivel local sobre el ámbito de competencia para lograr el efectivo ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones.

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