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Conservación
y Desarrollo Sostenible en Venezuela Visión de la Sociedad Civil en la Implementación de la Agenda 21 Contexto Socioeconómico de Venezuela
Para la historia social,
económica y política de la Nación, la década que concluye en el 2002 y
que se inició con la Cumbre de la Tierra, ha sido una de las etapas más
difíciles para el país en el ámbito político, económico y social,
debido principalmente al manejo ineficiente de los problemas
socioeconómicos en el contexto global en el cual se desenvuelve
Venezuela. En el cuadro 1 se refleja la compleja situación que atraviesa
el país.
Cuadro 1. Contexto
Socioeconómico de Venezuela (1992-2002)
Fuentes
de información:
1.
Banco Central de Venezuela,
2.
Instituto Nacional de Estadística (INE) Durante esta década ha
persistido en el país la inestabilidad política y el ámbito económico
se ha caracterizado por una depreciación del bolívar en más del 1500%,
así como una dependencia significativa de las exportaciones petroleras,
cuya reducción en producción ha mermado la participación del país en
dicho mercado. A ello debemos agregar el poco aprovechamiento de las
grandes reservas de gas natural, la crisis financiera que afectó al
sector bancario, todo esto con el subsiguiente incremento sostenido del
costo de la vida y la cesta alimentaria. Estos efectos negativos han
agudizado el desempleo y con ello se ha incrementado en forma
significativa la economía informal llevando a altos niveles de pobreza.
En el ámbito de la salud se observa el resurgimiento de enfermedades como
el sarampión, el paludismo y el dengue. Durante el 2002 el país
experimenta un déficit fiscal originado principalmente por el incremento
sostenido del gasto público. A partir de febrero de 2002 el ejecutivo
nacional ha establecido medidas tendentes a mitigar dicho déficit, tales
como un nuevo esquema de libre flotación cambiaria que ha originado una
devaluación de 70% en cinco meses, una propuesta de incremento en un
punto porcentual del impuesto al consumo suntuario y ventas al mayor (IVA)
y el establecimiento del impuesto a las transacciones bancarias (0,75%).
Asimismo, el Ejecutivo Nacional ha buscado alternativas de financiamiento
por medio de los mercados financieros internacionales y locales, sin
logros satisfactorios debido a lo poco atractivo y seguro que resulta el
país y sus propuestas ante los inversionistas extranjeros y locales. Actualmente, cerca del
60% del parque industrial se encuentra en situación de cierre o extrema
emergencia; el comercio ha perdido 20% del mercado, afectado no sólo por
la baja en el poder adquisitivo de la población sino por el creciente
comercio ilegal; la economía informal se estima oficialmente en 51,8% de
la población económicamente activa. El turismo, especialmente el sector
hotelero, ha tenido pérdidas que llegan a 70%, afectado no solo por
componentes internos, sino por la situación mundial del sector ante los
atentados terroristas. El país no ha emprendido la construcción de
ninguna obra de infraestructura de envergadura nacional que pudiera
generar empleos y/o servicios y los representantes del sector agrícola y
pecuario tienen dudas sobre el respeto a la propiedad privada y sus
derechos sobre las tierras que trabajan, además de recibir pocos
incentivos para la producción. La población desocupada
alcanza 15,8% según cifras oficiales, aunque sectores privados estiman
alcance 21,5%; la canasta alimentaria para familias de cinco miembros, se
estima en Bs. 278.000 mensuales (aproximadamente US $ 214), la básica
(que incluye servicios de primera necesidad y vivienda) en Bs. 821.000
(aproximadamente US $632), pese a que el salario mínimo oficial es de Bs.
190.080 (aproximadamente US $147). La expansión y
densificación de los barrios, el deterioro de los servicios y el
incremento de la pobreza se expresan en una sensible baja de la calidad de
vida con variados efectos en el plano social, económico, cultural,
psicológico, sanitario y ecológico, que marcan el paisaje natural de la
Venezuela urbana (Cendes, 1999). En 1999 se inició un
nuevo período gubernamental con una carga de cambio ideológico político
profundo, fortalecido a finales de ese mismo año cuando se promulgó la
CRBV que derogó la Constitución de 1961, con la consecuente
reformulación del Estado, incluyendo todos sus poderes. Frente al panorama antes
descrito, la actual gestión de gobierno ha propuesto un nuevo plan de
desarrollo basado en cinco equilibrios que comprende: el económico,
social, territorial, internacional y político, los cuales también han
sido considerados de una u otra forma en administraciones anteriores. Según las autoridades
gubernamentales, la práctica de estos cinco equilibrios se fundamenta en
la participación protagónica de todo el pueblo venezolano sin
discriminación alguna, pese a que algunos sectores del país, como la
Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y
Producción (FEDECAMARAS), las Asociaciones de Industriales y de Comercio
(FEDEINDUSTRIA y CONSECOMERCIO), la Confederación de Trabajadores de
Venezuela (CTV) y otros gremios de profesionales como maestros, médicos y
abogados, unidos a representantes de la Sociedad Civil Organizada (la
mayoría con tradición de más de 12 años en el país), han manifestado
públicamente la falta de una apropiada consulta sobre la toma de
decisiones nacionales en cuanto a los asuntos que les afectan. Al igual que en
administraciones pasadas, el Equilibrio Económico, plantea la
reactivación del aparato productivo, procurando pasar de una economía
rentista petrolera a otra de tipo productivo para permitir mejorar la
calidad de vida de la mayoría de los venezolanos, en tanto se consideran
los aspectos políticos, territoriales, sociales e internacionales. Sin
embargo, a tres años de aplicación de este esquema, el balance de los
indicadores macroeconómicos compromete el optimismo de este
planteamiento. Cabe destacar que en esta área hemos contado con 5
ministros de Finanzas y dos ministros de Planificación en solo 3 años de
gobierno. Asimismo, la
agudización de la actual situación socioeconómica y política del
país, y los estilos de acción, tanto del gobierno como de la oposición,
han traído como consecuencia la polarización de la sociedad, lo cual ha
retrasado todos los esfuerzos públicos y privados para resolver los
problemas sociales y ambientales del país, colocando la agenda política
por encima de las necesidades del colectivo, entendido éste como el total
de los hombres y mujeres que habitan en la nación. La profunda desigualdad
social, agudizada durante el último decenio sustenta, la propuesta
oficial hacia un Equilibrio Social, está orientada a corregir las enormes
distorsiones con su gran carga de exclusión e injusticia, así como
también potenciar el pleno desarrollo del ciudadano en los aspectos
relacionados con el ejercicio de la democracia. Ello responde a la
necesidad de alcanzar el bienestar colectivo, de forma tal que la
distribución de la riqueza y el ingreso que la crea, permitan un alto
grado de justicia político-económica y la erradicación de la pobreza
como la gran meta a alcanzar, tal como lo propone la Declaración de
Principios de Río 92. Con la aprobación de la
CRBV, continúan y se exacerban las exigencias de la ciudadanía, ahora
por el incumplimiento de sus mandatos, especialmente en leyes y en la
conformación de instituciones sociopolíticas de altísima importancia
para la práctica de una verdadera democracia. Por ejemplo, pese a dos
años de su promulgación, aún no ha sido instituido el Poder Ciudadano,
con representantes elegidos de acuerdo a lo estipulado por la Carta Magna
(Fiscal, Contralor y Defensor del Pueblo), quienes son cuestionados por
importantes sectores del país en cuanto a su grado de independencia y
eficiencia. Tanto la Fiscalía General de la República como la
Defensoría del Pueblo poseen funciones importantes en el sector ambiental
de Venezuela, tal como lo establece el marco jurídico vigente. Hasta la presente fecha,
tampoco se ha promulgado una Ley de Seguridad Social, y su discusión ha
sido pospuesta en varias ocasiones. El Poder Electoral no ha sido
establecido y adicionalmente, del país más del 40% de los jueces son
provisorios, y tampoco se ha reestructurado definitivamente el Poder
Judicial. En materia de
ordenación y ocupación del territorio, Venezuela ha realizado
importantes esfuerzos en toda la geografía venezolana, dado que la
mayoría de la población se localiza al norte del Río Orinoco,
concentrándose alrededor del 55% de la población en menos del 4% del
territorio nacional, en la franja norte costera del país. Por esta, y otras
razones, la tesis del Equilibrio Territorial cobra especial interés para
el país, siempre y cuando el Estado se plantee el adecuado uso y
ocupación del territorio, propiciando mejores condiciones para sustentar
un desarrollo armónico y sostenible, incentivando actividades económicas
en los lugares apropiados, con la tecnología adecuada y la inversión
necesaria para no comprometer las variables ambientales y ocasionar daños
irreversibles en los sistemas naturales. Vale citar que sólo una
justa valoración de la vocación de las tierras y los suelos, puede
llevar a una justa ordenación y ocupación del territorio, con estricto
apego a la normativa ambiental vigente, respetando el derecho a la
propiedad privada y a los usos y actividades cónsonas con las necesidades
de conservación y desarrollo. Sobre este último
punto, preocupa la tendencia observada en varios sectores de la geografía
venezolana, donde diversas poblaciones, mayoritariamente desasistidas, por
motivación propia o incitados por terceros, iniciaron diversas
"ocupaciones espontáneas", entendidas como invasiones de la
propiedad, que han generado caos y agudizado los problemas de ocupación
territorial, particularmente en terrenos supuestamente improductivos o
utilizados para actividades "no estratégicas", afectando
inclusive a algunas ABRAE (Áreas Bajo Régimen de Administración
Especial), tales como Parques Nacionales y Refugios de Fauna Silvestre,
destinados a la protección estricta de los recursos naturales. También
destacan los esfuerzos oficiales por lograr la desconcentración urbana,
aunque hasta la presente fecha la creación de ciudades fronterizas y las
condiciones de empleo y mejora de la calidad de vida en tales localidades
se encuentra en sus esfuerzos iniciales. En el ámbito
internacional, Venezuela se ha destacado como miembro de diversas redes de
actuación profesional en el sector ambiental y el desarrollo,
particularmente dentro de la Comunidad Andina de Naciones, el Tratado de
Cooperación Amazónica, Asociación de Estados del Caribe, Grupo de los
15 (G15), Grupo de los 3 (G3) y el Grupo de los 77. En este sentido, una
propuesta de Equilibrio Internacional descansa en la reafirmación de la
vocación integracionista del país, donde se pretende desarrollar una
política de relaciones internacionales "equitativa y mutuamente
respetuosa", que intensifique los procesos de cooperación e
inserción de Venezuela en el ámbito mundial, enfatizando la integración
de las naciones latinoamericanas y caribeñas. Sin embargo, es oportuno
reconocer que la práctica de esta política ha generado diversas dudas en
varios sectores, particularmente por la falta de claridad en posiciones
internacionales como el libre comercio, la globalización y los acuerdos
multilaterales así, como la pendiente ratificación del Protocolo de
Kyoto, el incumplimiento de compromisos con la Comunidad Andina en el tema
del arancel interno, el rol político y técnico de Venezuela como Líder
del G77 para el año 2002, y otras actuaciones que obedecen a posiciones
de gobierno inconsultas con la sociedad civil. Sobre este asunto, vale
decir que el país tiene una extraordinaria responsabilidad al presidir el
Grupo de los 77, que fuera creado en 1964 por 67 países en desarrollo y
que en la actualidad engloba a 133 naciones que conforman la coalición
más grande del tercer mundo en las Naciones Unidas. Su misión es proveer
medios al mundo en desarrollo para articular y promover intereses
económicos comunes y mejorar sus capacidades de negociación conjunta en
todos aquellos asuntos internacionales de importancia mundial, en el cual
se circunscribe lo ambiental, que comprende adicionalmente mecanismos
técnicos y de cooperación entre sus miembros. Dicha actuación está
siendo seguida muy de cerca por una gran cantidad de organizaciones no
gubernamentales en todo el mundo, pues en algunas oportunidades su rol
parece haber pasado desapercibido frente a temas claves de la gestión
ambiental internacional. Vale citar que recientemente Venezuela, en nombre
del G77 y China, ratificó su compromiso con los principios contenidos en
la Declaración de Río y la Agenda 21, y ha insistido especialmente en la
importancia de erradicar la pobreza, cambiar los patrones insostenibles de
producción y consumo, promover la mejora de la salud y de la calidad de
vida, impulsar un efectivo manejo y conservación de los recursos
naturales y fortalecer el sistema de gobierno como base de un desarrollo
sustentable, entre otras. En cuanto al Equilibrio
Político, la nueva CRBV define a la nación como un Estado democrático y
social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de
su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la
justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad
social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y
el pluralismo político. Tales principios,
basados en un auténtico ejercicio de soberanía, deben fundamentarse en
el respeto a la actuación de todos los sectores en el marco de una
estrategia de sustentabilidad de la gobernabilidad, base de la democracia
que ha persistido en Venezuela por más de cuatro décadas. Un elemento fundamental
de tal equilibrio es la continuidad administrativa, que preocupa a
diversos sectores del país. Para dar un ejemplo, y como se mencionó en
párrafos anteriores, en los últimos tres años Venezuela ha contado con
3 Vicepresidentes, 2 Ministros de Planificación, 5 de Finanzas, y 5 de
Producción y Comercio. La alta concentración
de poder en la Presidencia de la República y con ello mayor centralismo
en la toma de decisiones nacionales y regionales, ha sido motivo de
cuestionamientos luego de haberse dado importantes pasos hacia una mayor
independencia de las regiones a comienzos de la década que nos ocupa. Esa
misma concentración de poder es vista con reserva por varios sectores de
la vida nacional e internacional en cuanto a la real independencia de las
instituciones públicas del país. Todos estos factores, y una alta
conflictividad en el debate político, motivan la polémica sobre la
gobernabilidad de la nación. |