CAMBIO CLIMÁTICO: PERSPECTIVAS ACTUALES

 Por:  

Juan Carlos Sánchez M. Asesor de VITALIS en Cambios Climáticos y Protocolo de Kyoto (jcsanchez@vitalis.net)

Recientemente concluyó en Buenos Aires una nueva ronda de negociaciones internacionales relativa al tema del cambio del clima, en la que se abordaron numerosos temas, pero no se alcanzaron logros significativos. Ello no debe sorprender a nadie, porque la lentitud ha sido la tónica de estas negociaciones desde sus inicios. Muestra de ello es que el texto del Protocolo de Kyoto, que es el primer instrumento de la Convención de Cambio Climático que compromete a los países desarrollados a cumplir metas moderadas de reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero, se terminó de redactar en diciembre de 1997, y no es sino ahora, el 16 de febrero de 2005, algo más de siete años después, cuando este Protocolo comenzará a entrará en vigor, haciendo obligatorio su cumplimiento para el 2012. Más aún, las negociaciones para que se lograse la entrada en vigor del Protocolo fueron bastante arduas y pasaron por momentos de mucha incertidumbre desde el año 2001, cuando formalmente USA hizo manifiesto su rechazo al mismo. No obstante, la condición para la entrada en vigor del Protocolo, consistente en que fuese ratificado por un número de países cuyas emisiones representen el 55% del total de las emisiones de dióxido de carbono del mundo desarrollado en 1990, se cumplió recientemente, con la ratificación de Rusia, después de un largo período de espera.

Ahora las negociaciones internacionales deberían encaminarse a buscar la manera de incrementar los esfuerzos de reducción de las emisiones de gases de invernadero más allá del año 2012, fecha en que deberán cumplirse los compromisos del Protocolo de Kyoto. Sin embargo, la reunión de Buenos Aires apenas sirvió para que se acordasen algunos aspectos técnicos relativos al manejo de los proyectos de aforestación y reforestación, para la absorción de dióxido de carbono, la adopción de un plan de trabajo para la adaptación al cambio de clima y convenir en llevar a cabo un seminario en mayo de 2005, para discutir la realización de posibles esfuerzos futuros, advirtiendo explícitamente que tales discusiones no han de entenderse como una negociación que conduzca a nuevos compromisos para los países.

El lento desarrollo observado en las negociaciones diplomáticas no parece estar en consonancia con las apreciaciones del mundo científico, para quien el cambio climático es y será durante un buen tiempo una de las preocupaciones ambientales mundiales más importante, que debe ser debidamente atendida. Aun cuando persisten incertidumbre con respecto a cuando y donde se producirán los efectos más adversos del calentamiento en el planeta, la gran mayoría de los estudiosos del clima mundial coinciden afirmativamente en tres puntos: el primero es que la tierra efectivamente se está calentando lentamente, el segundo, que la causa principal de tal calentamiento es el consumo de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y por último, que si no se actúa ahora mismo para reducir las emisiones, el problema del calentamiento global será más grave. La permanencia de los gases emitidos en la atmósfera es muy prolongada: 50 a 200 años para el dióxido de carbono, 10 para el metano y 150 para el óxido nitroso, en consecuencia, la reducción de emisiones que pudiera hacerse hoy, no surtirá efecto en la reducción del potencial de calentamiento del planeta sino a mediano y largo plazo, y de allí el sentido de urgencia en la búsqueda de soluciones. ¿Acaso las inundaciones registradas en China, la ola de calor que azotó a Europa y la intensidad de los huracanes en el Caribe, que han ocasionado tantas pérdidas materiales y de vidas humanas en años recientes, no son una muestra de desastres mayores por venir?  

Las políticas y medidas para reducir las emisiones en el corto plazo apuntan a las inversiones que incrementen la eficiencia en el uso de la energía, para lo cual numerosas tecnologías ya están disponibles tanto en el mundo desarrollado, como en los países en desarrollo. En términos generales, los dos sectores que más contribuyen a la generación de emisiones de gases, y en donde se deberían adoptar estas tecnologías, son el transporte y la generación de energía.

En el caso de USA, por ejemplo, el consumo de combustibles para el transporte genera el 30% de la emisión total de gases de invernadero, mientras que la generación de electricidad, que utiliza fundamentalmente el carbón como combustible, aporta el 40%. Curiosamente, la industria del automóvil en USA y a escala global, se encuentra altamente concentrada: apenas 10 firmas fabricantes poseen el 75% del mercado. Si la reducción de emisiones de los vehículos entrase en los esquemas de competitividad de estas empresas, mucho pudiera lograrse, pero este es un estímulo que quizás deba provenir desde el mercado mismo, para que pueda hacerse efectivo. El sector de generación eléctrica, por el contrario, se encuentra muy atomizado en USA y en general en los países desarrollados: existen numerosas plantas, empresas y tecnologías como para pretender que entre estas puedan acordarse esfuerzos comunes, y por ello, el aporte en este sector debería orientarse al cambio de fuente energética. Por ejemplo, el uso de gas natural en sustitución del carbón puede reducir las emisiones de las plantas termoeléctricas en hasta el 40%. Sin embargo, con el fin de no seguir incrementando su dependencia energética de suministros externos, en USA casi todas las nuevas plantas termoeléctricas previstas a futuro, funcionarán con carbón.

El caso de Venezuela es distinto: como país en vías de desarrollo, es difícil pedirle a Venezuela que considere el cambio climático como un asunto meramente ambiental, es cierto que la reducción de emisiones va a conducir a una disminución de la demanda de combustibles fósiles, y ello incluye al petróleo, que es su principal producto de exportación y sustento de su economía. Este efecto adverso debe ser objeto de consideración en el proceso de las negociaciones, a objeto de su mitigación, entre otras cosas, porque el texto de la Convención y del Protocolo así lo establecen, pero muy poco se ha avanzado al respecto hasta el presente. A su vez, también existen en Venezuela oportunidades para la reducción de emisiones, aunque en cantidades moderadas. Ello es así porque las emisiones gases de invernadero de Venezuela son también moderadas. Por ejemplo, con respecto al dióxido de carbono, principal gas de invernadero, las emisiones nacionales son apenas el 0,48% del total mundial, lo cual se explica porque el 70% de la generación de electricidad en Venezuela proviene de centrales hidroeléctricas, y el 30% restante se genera en plantas termoeléctricas que consumen gas. Así mismo, el gas es el combustible preferente para satisfacer la demanda de los sectores industriales, comerciales y doméstico. En otras palabras, el consumo energético en Venezuela utiliza mayoritariamente combustibles limpios.

El inventario nacional de emisiones del año 1999 muestra que el 76,8% de estas, expresadas como emisiones de CO2  equivalente, provienen del sector energético, repartidas en 55,1% por la quema de combustibles fósiles, principalmente en el transporte y en las industrias de la energía, y 21,7% por los venteos de gas a la atmósfera en los campos de producción petrolera (Figura 1). Otras emisiones de gases de invernadero se producen por actividades agrícolas (14,9%) procesos industriales (4,9%) y por el manejo de desechos (3,3%)

Estos porcentajes permiten identificar los sectores donde existen oportunidades para la reducción de emisiones, las cuales en su mayoría derivan de la obsolescencia de las tecnologías y prácticas utilizadas. Por ejemplo, en el sector transporte, dónde con sólo ordenar este sector, haciendo más confortable, seguro y confiable al transporte público, muchos usuarios de vehículos personales se cambiarían al transporte público, reduciendo la circulación de vehículos, con lo cual se mejora el tráfico, a la vez que se reducen las emisiones. Otras iniciativas posibles son la implantación de un programa de inspección y mantenimiento para los vehículos, porque un vehículo bien mantenido emite mucho menos que un vehículo desajustado, y propiciar un mayor uso del gas natural comprimido como combustible vehicular. En el sector petrolero, la recolección y uso del gas que se ventea en los campos productores convertiría en dióxido de carbono las emisiones de metano, que es un gas con un poder de calentamiento global 21 veces superior al del dióxido de carbono. El reciclaje de desechos orgánicos es otra oportunidad, por cuanto estos desechos se descomponen en los rellenos sanitarios y botaderos de basura, generando metano. En Caracas y otras ciudades se han realizado esfuerzos de reciclaje de basura puntuales y aislados, sin que se haya previsto hasta ahora un plan concertado más ambicioso entre autoridades, comunidad y empresas. También en el sector forestal existen oportunidades de reducción de emisiones mediante la reducción de la deforestación y el desarrollo de plantaciones forestales que absorben el dióxido de carbono del aire. Todas estas opciones poseen el atractivo de generar beneficios locales simultáneos, bien sea por la disminución de las emisiones de otro tipo de contaminantes al utilizarse más eficientemente los combustibles fósiles, la creación de empleos, la conservación de recursos naturales, el ahorro energético, la reducción de costos y la mejora del paisaje, entre otros.

Resulta por ello inexplicable que no se le esté prestando más atención  al tema del cambio climático ni en el mundo desarrollado, salvo honrosas excepciones de algunos países europeos, ni en los países en desarrollo. Se está dejando esta importante tarea para después y, con ello, pudieran estarse corriendo riesgos de consecuencias incalculables, a la vez que se pierden oportunidades para construir una mejor calidad de vida.

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