ALGUNOS MENSAJES AMBIENTALES DEL PAPA JUAN PABLO II

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Fragmentos Ambientales en la Ecclessia in America

El árbol simboliza el misterio de la vida y de la cruz

Examinad la actual crisis del medio ambiente
a la luz de la doctrina social de la Iglesia

"Dios nos pide cuidar la naturaleza"... Juan Pablo II

Fragmentos del Papa Juan Pablo II

Tomados de la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL
ECCLESIA IN AMERICA
 

"...Es necesaria la colaboración de todos los hombres de buena voluntad con las instancias legislativas y de gobierno para conseguir una protección eficaz del medio ambiente, considerado como don de Dios. ¡Cuántos abusos y daños ecológicos se dan también en muchas regiones americanas! Baste pensar en la emisión incontrolada de gases nocivos o en el dramático fenómeno de los incendios forestales, provocados a veces intencionadamente por personas movidas por intereses egoístas. Estas devastaciones pueden conducir a una verdadera desertización de no pocas zonas de América, con las inevitables secuelas de hambre y miseria. El problema se plantea, con especial intensidad, en la selva amazónica, inmenso territorio que abarca varias naciones: del Brasil a la Guayana, a Surinam, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.(67) Es uno de los espacios naturales más apreciados en el mundo por su diversidad biológica, siendo vital para el equilibrio ambiental de todo el planeta..".

"...Desde el punto de vista ético, puede tener una valoración positiva o negativa. En realidad, hay una globalización económica que trae consigo ciertas consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la producción, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos países en lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia humana. Sin embargo, si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada.(55) La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la globalización comporta, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella..."

El árbol simboliza el misterio de la vida y de la cruz

Alocución de S.S. Juan Pablo II a una delegación de Alemania

19 de diciembre de 1998

"Venerados hermanos en el episcopado; queridos hermanos y hermanas:

1. Os agradecemos sinceramente el regalo del árbol de Navidad, que habéis traído a Roma desde vuestro país. Este abeto de la Selva Negra es un signo de vuestra adhesión al Sucesor de Pedro y, a la vez, un saludo expresivo de la Iglesia de Friburgo en Brisgovia a cuantos en Navidad se unen al centro del cristianismo tanto desde la ciudad de Roma como desde toda la tierra.

(...)

2. Cuando, en los días pasados, contemplé la plaza de San Pedro desde la ventana de mi despacho, el árbol suscitó en mi reflexiones espirituales. Ya en mi país amaba los árboles. Cuando los vemos, comienzan a hablar. Un poeta, que nació cerca de vuestro país y vivió a orillas del lago de Costanza, veía en los árboles predicadores eficaces: «No imparten enseñanzas o recetas, anuncian la ley fundamental de la vida».

Con su florecimiento en primavera, su madurez en verano, sus frutos en otoño y su muerte en invierno, el árbol nos habla del misterio de la vida. Por este motivo, ya desde los tiempos antiguos, los hombres recurrieron a la imagen del árbol para referirse a las cuestiones fundamentales de su vida.

3. Por desgracia, en nuestra época el árbol es también un espejo elocuente de la forma en que el hombre a veces trata el medio ambiente, la creación de Dios. Los árboles que mueren son una constatación callada de que existen personas que evidentemente no consideran un don ni la vida ni la creación, sino que sólo buscan su beneficio. Poco a poco resulta claro que donde los árboles se secan, al final el hombre sale perdiendo.

4. Al igual que los árboles, también los hombres necesitan raíces profundas, pues sólo quien está profundamente arraigado en una tierra fértil puede permanecer firme. Puede extenderse por la superficie, para tomar la luz del sol y al mismo tiempo resistir al viento, que lo sacude. Por el contrario, la existencia de quien cree que puede renunciar a esta base queda siempre en el aire, por tener raíces poco profundas.

La sagrada Escritura cita el fundamento sobre el que debemos enraizar nuestra vida para poder permanecer firmes. El apóstol san Pablo nos da un buen consejo: estad bien arraigados y fundados en Jesucristo, firmes en la fe, como se os ha enseñado (cf. Col 2, 7).

5. El árbol colocado en la plaza de San Pedro orienta mi pensamiento también en otra dirección: lo habéis puesto cerca del belén y lo habéis adornado. ¿No impulsa a pensar en el paraíso, en el árbol de la vida y también en el árbol del conocimiento del bien y del mal? Con el nacimiento del Hijo de Dios comenzó una nueva creación. El primer Adán quiso ser como Dios y comió del árbol del conocimiento. Jesucristo, el nuevo Adán, era Dios; a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomo la condición de esclavo, pasando por uno de tantos (cf. Flp 2, 6 ss): desde el nacimiento hasta la muerte, desde el pesebre hasta la cruz. El árbol del paraíso trajo la muerte; del árbol de la cruz surgió la vida. Así pues, el árbol está cerca del belén e indica precisamente la cruz, el árbol de la vida.

6. Señor obispo; queridos hermanos y hermanas, una vez más os expreso mi profundo agradecimiento por vuestro regalo navideño. Aceptad a cambio el mensaje del árbol, como lo formuló el salmista: «Su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas, y cuanto emprende tiene buen fin» (Sal 1, 2 ss).

Con esta reflexión, os deseo a vosotros, a vuestros seres queridos y a vuestros amigos, una Navidad santa y alegre. Que con la ayuda de Dios todo lo que emprendáis al comienzo del Año nuevo tenga éxito. Os imparto de corazón mi bendición apostólica".

Examinad la actual crisis del medio ambiente
a la luz de la doctrina social de la Iglesia

Mensaje a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio Justicia y Paz

 "Excelencias; queridos amigos:

        1. Ha sido siempre un placer pare mí recibir a los miembros del Consejo pontificio Justicia y paz, junto con algunos de sus consultores, con ocasión de su asamblea plenaria. Este año, al coincidir con mi viaje apostólico a la India no me es posible hacerlo. Sin embargo, vuestro presidente, el arzobispo François Xavier Nguyen Van Thuan, me ha informado del programa de vuestra asamblea, y con este mensaje deseo saludaros e invocar la bendición de Dios sobre vuestro trabajo.

        En su ya larga historia, el Consejo pontificio Justicia y paz ha desempeñado un importante papel en la promoción de la doctrina social de la Iglesia. Fundado a petición del concilio Vaticano II está llamado a proporcionar a todo el pueblo de Dios un conocimiento más pleno del papel que debe desempeñar para impulsar el progreso de la familia humana, especialmente de sus miembros más pobres, mediante la búsqueda de la justicia social entre los pueblos y las naciones (cf. Motu proprio, 6 de enero de 1967). Su finalidad ha sido siempre global, y hoy lo sigue siendo más que nunca. En vísperas del gran jubileo, continuad mostrando vuestra decisión de permanecer fieles a esta misión.

        2. Los recientes esfuerzos del Consejo pontificio con vistas a difundir el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia se han orientado a formar líderes, tanto eclesiásticos como laicos, cada vez más conscientes de su obligación de defender la dignidad de cada persona humana, afrontando cuestiones como la eliminación de la miseria y la promoción de un enfoque eficaz de los derechos humanos. Habéis afrontado con éxito estas preocupaciones directamente en diferentes partes del mundo, buscando la ayuda de las Iglesias particulares para organizar seminarios sobre la doctrina social de la Iglesia, en ámbitos muy específicos. Al hacerlo en África, Asia y América Latina, manifestáis plenamente el espíritu del gran jubileo, que quiere ser un tiempo de liberación y restablecimiento de la justicia y la paz entre los pueblos (cf. Lv 25). Lo hacéis con espíritu evangélico, porque la libertad, la justicia y la paz verdaderas son dones de un Dios amoroso que busca la colaboración de quienes ha creado por amor. Apoyo vuestros esfuerzos por poner en práctica la doctrina social de la Iglesia mediante un compromiso cada vez más profundamente sentido entre los fieles.

        Con este mismo espíritu, habéis apoyado y promovido en los foros regionales e internacionales los esfuerzos por ayudar a los países más pobres a liberarse del peso de la deuda y del subdesarrollo, y a poner fin a los conflictos internos.

        3. El año pasado encomendé al Consejo pontificio la tarea de elaborar un «compendio o síntesis autorizada de la doctrina social de la Iglesia», que debería mostrar la conexión entre esa doctrina y la nueva evangelización (cf. Ecclesia in America, 54). Dicho documento ayudará a los miembros de la Iglesia a comprender mejor la importancia de esa doctrina. El jubileo brinda una excelente ocasión para su publicación. El concepto mismo de jubileo, que conmemora el nacimiento de Jesús, incluye la proclamación de la buena nueva a los pobres, la liberación a los oprimidos, la devolución de la vista a los ciegos (cf. Mt 11, 4-5; Lc 7, 22), el perdón de las deudas y la restitución de sus tierras (cf. Lv 25, 828). El Consejo pontificio ha afrontado con eficacia esas cuestiones durante los años de preparación para este gran acontecimiento.

        4. En esta asamblea plenaria consideraréis la actual crisis del medio ambiente a la luz de la doctrina social de la Iglesia. La cuestión del ambiente está íntimamente relacionada con otros importantes problemas sociales, pues abarca todo lo que nos rodea y todo aquello de lo que depende la vida humana. De ahí la relevancia de un correcto enfoque de la cuestión. A este respecto la reflexión sobre el fundamento bíblico de la solicitud por la creación puede clarificar la obligación de favorecer un ambiente seguro y sano.

        El uso de los recursos de la tierra es otro aspecto crucial de la cuestión ambiental. Un estudio de este complejo problema lleva al núcleo mismo de la organización de la sociedad moderna. Al reflexionar en el tema del ambiente a la luz de la sagrada Escritura y de la doctrina social de la Iglesia, no podemos menos de plantearnos la cuestión del estilo de vida fomentado por la sociedad moderna y, en particular, la cuestión del modo desigual como se distribuyen los beneficios del progreso. El Consejo pontificio prestará un valioso servicio a la Iglesia, y a través de la Iglesia a toda la humanidad, promoviendo una comprensión más profunda del deber de trabajar por una mayor justicia y equidad, de modo que la gente pueda compartir los recursos de la creación de Dios.

        5. Con ocasión de vuestro encuentro invoco complacido las bendiciones divinas sobre cada uno de los miembros y consultores del Consejo. Os agradezco a todos la considerable ayuda que brindáis a la Santa Sede gracias a vuestra preparación específica y a vuestra rica y variada experiencia en muchas partes del mundo. Que la gracia y la paz del Jesucristo, nuestro Señor, estén con vosotros y con los miembros de vuestra familia. Con mi bendición apostólica.

        Vaticano, 4 de noviembre de 1999"

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