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25 de mayo: Día del árbol Por resolución del Ministerio de Educación del 19 de mayo de 1951, el Día del Árbol se celebra el último domingo de mayo. Los árboles son seres importantes en la naturaleza: absorben el dióxido de carbono y lo transforma en substancias nutritivas para la misma planta y el resto de los seres vivos, liberan oxígeno y purifican el aire (fotosíntesis), airean la tierra con sus raíces, desempeñan una función vital en la regulación de los ciclos climáticos e hidrológicos, sirven de alimento y refugio a decenas de seres vivos, incluyendo a los humanos.
Por el equipo de Vitalis.net Con la hermosa frase La primavera de oro de los araguaneyes identificaba Rómulo Gallegos la llegada de la primavera en los llanos y sabanas de Venezuela. Y es que, «en el período de la floración todo el campo, todos los caminos toda la geografía patria parece rendir pleitesía a la belleza de este árbol que luce en el bosque, a lo largo de nuestros caminos, en el interior de nuestras viviendas, como una diadema de oro. Es que el araguaney se hizo emblema del pueblo venezolano». El 29 de mayo de 1948 se declara el araguaney Arbol Nacional. El araguaney es un árbol autóctono y su altura oscila entre 6 y 12 metros. Su tronco es recto, cilíndrico y de unos 60 centímetros de diámetro. La floración se presenta durante los meses de febrero a abril, cuando está totalmente desprovisto de hojas. Las semillas están maduras al comenzar las lluvias, lo que permite la germinación en un gran número de semillas. Por haberse decretado el 29 de mayo al Araguaney «Arbol Nacional» se tuvo este día como el DIA DEL ARBOL, pero existe una resolución del Ministerio de Educación del 19 de mayo de 1951 en que dispone celebrar la Semana del Arbol, tomando como Día del Arbol el último domingo del mes de mayo. Originalmente, la Fiesta del Arbol se celebraba con carácter de obligatoriedad en todas las escuelas del país, el 23 de mayo, de acuerdo con el decreto de Cipriano Castro , de 10 de abril de 1905. En 1909 se trasladó la fecha al 15 de mayo. Finalmente, por razones prácticas, se estableció el último domingo del mes de mayo. "Al Árbol debemos" El ultimo domingo de mayo se celebra del Día del Arbol, ese fiel y silencioso compañero que nos brinda decenas de beneficios, y que pese a ello, muchas veces maltratamos y subvaloramos. Los hay de todos los tamaños, formas y colores, pero con una característica común: nos ayudan a producir oxígeno y fijar carbono, un regalo de la naturaleza frente a los crecientes problemas ambientales de nuestro planeta, incluyendo al efecto invernadero. Los árboles han sido testigos incondicionales de nuestra cultura e historia. Entre ellos, cabe destacar la Ceiba de San Francisco, en medio de la Avenida Universidad, frente a la iglesia del mismo nombre; el Samán de Catuche, cerca del Panteón Nacional, que cobijó a Andrés Bello en sus años estudiantiles; y el famoso Samán de Güere, el más conocido de todos, bajo cuya sombra bailaban nuestros indígenas, clamando por la lluvia en los tiempos de sequía, y que sirvió de inspiración a cientos de hombres y mujeres que han jurado paz y libertad para nuestro pueblo por varias décadas. Pese a ello, muchos árboles son podados en forma severa, clavados como si se tratara de paredes listas para anunciar productos, pintados "ique" para adornar el paisaje y hasta cortados impunemente, "porque impiden el desarrollo de una obra o infraestructura". Si nos detuviéramos a conocer los múltiples beneficios que nos brindan los árboles, quizá detendríamos nuestras agresiones y fomentaríamos su desarrollo y conservación. Si cada uno de los habitantes de este país nos comprometiéramos a plantar un árbol cerca de nuestras casas, escuelas o lugares de trabajo, comprometiéndonos a velar por su cuidado y conservación, estaríamos garantizando al menos 20 millones de nuevos árboles que tanta falta le hacen a nuestro país. Pero eso si, en los lugares apropiados y con las especies adecuadas.
Continuamente nos topamos en Caracas con aceras destruidas y tuberías obstruidas por árboles que crecen sin control. Las razones que determinan esta situación son variadas, sin embargo, gran parte del problema radica en una inapropiada selección de las especies que pueden ser plantadas en las zonas urbanas. Los árboles más adecuados para nuestras ciudades poseen un tallo recto, una copa piramidal o redondeada y una raíz profunda, a fin de que no levanten los pavimentos ni perjudiquen a los transeúntes. Asimismo, deben ser de crecimiento lento y con alta resistencia a la contaminación vehicular, para garantizar su durabilidad. De acuerdo a lo establecido en la Ley Orgánica de Régimen Municipal, las Alcaldías son las encargadas de velar por el mantenimiento de estos árboles, y en general, de las áreas verdes que acompañan calles y avenidas. Para las calles, Jesús Hoyos, conocido Botánico venezolano, recomienda plantar árboles tales como el Roble, el Pardillo y el Caobo de las Antillas, entre otros. Para las Avenidas, se sugiere el Pilón, el Granadillo y el Castaño, entre otros. Las Asociaciones de Vecinos también están llamadas a colaborar en el mantenimiento de estos árboles. El día del árbol es la oportunidad del año en la que más árboles son plantados. Sin embargo, en opinión de algunos expertos, el momento en que más árboles mueren, pues poco es lo que se hace a posteriori del simbólico acto. Al momento de proceder a plantar un árbol, debemos asegurarnos que el material vegetal esté en buenas condiciones de vitalidad, sin indicios de enfermedades, ataques de plagas o daños mecánicos. Se debe abrir un hoyo de diámetro y altura mayor al envase que la contiene. Se puede añadir algo de abono al lugar de la siembra, si se trata de suelos poco fértiles y se retira la planta del envase, cuidando no romper las raíces. Se introduce la planta en el hoyo, y se le agrega la tierra que se extrajo, mezclada con tierra abonada de la que venden en los viveros. En caso que sea necesario, se puede agregar un "tutor", una especie de vara que apoyará el crecimiento de la planta. Posteriormente, es regada, evitando el encharcamiento. El cuidado del árbol debe proseguir en forma metódica y sistemática. Al menos, deben efectuarse inspecciones periódicas durante 60 días después de la plantación, con el fin de asegurar el riego complementario, hasta su arraigo definitivo y controlar las malezas y las plagas, entre otros aspectos. Árboles que son Emblema en Venezuela De acuerdo con el Biólogo Jesús Hoyos, los siguientes árboles simbolizan y representan a diversas regiones de nuestro país: Araguaney (Tabebuia chrysantha), Arbol Nacional de Venezuela. Cereipo (Myrospermum frutescens), Anzoátegui Samán (Pithecellobium saman), Aragua Merecure (Licania pyrifolia), Apure Cedro (Cedrela odorata), Barinas Sarrapia (Dipteryx punctata), Bolívar Camoruco (Sterculia apetala), Carabobo Apamate (Tabebuia rosea), Cojedes Cuji-Yaque (Prosopis juliflora), Falcón Palma Llanera (Copernicia tectorum), Guárico Semeruco (Malpighia glabra), Lara Bucare Ceibo (Erythrina poeppigiana), Mérida Roso Blanco (Brownea leucantha), Miranda Palma de Moriche (Mauritia flexuosa), Monagas Guayacán (Guaiacum officinale), Nueva Esparta Caoba (Swietenia macrophylla), Portuguesa Roble (Platymiscium diadelphum), Sucre Pino Criollo (Prummopitys montana), Táchira Bucare Anauco (Erythrina fusca), Trujillo Chaguaramo (Roystonea venezuelana), Yaracuy Cocotero (Cocos nucifera), Zulia Caucho Hevea (Hevea benthamiana), Amazonas Mangle Rojo (Rhisophora mangle), Delta Amacuro Ceiba (Ceiba pentandra), Distrito Federal
ÁRBOLES JÓVENES PRODUCEN MENOS DIÓXIDO DE CARBONO QUE LOS VIEJOS
Un bosque viejo produce el efecto contrario a uno joven, ya que absorbe y elimina oxígeno y emite más dióxido de carbono. Por su parte, los árboles jóvenes y en pleno crecimiento, absorben y eliminan dióxido de carbono en una proporción de alrededor de 1,5 kg. por cada kg de su propio peso, y lo reemplazan por oxígeno en una cantidad equivalente. Esta afirmación fue realizada por el Prof. Diego Díaz Martín, Jefe del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Metropolitana y Director del Proyecto Ávila, a propósito de la celebración del Día del Árbol este domingo 25 de mayo. En el proceso de fotosíntesis, fijan el carbono en el cuerpo del árbol (ramas, troncos, hojas, flores y frutos) y se convierten en almacenadores naturales de carbono. Algunos estudios destacan que un árbol de tamaño medio absorbe alrededor de 6kg de Dióxido de Carbono (CO2) al año, por lo que en 40 años asimilaría como mínimo 250kg. Por lo anterior se deduce que no sólo es importante mantener y conservar los bosques naturales dentro de las áreas protegidas, sino además, deben fomentarse nuevas extensiones forestales, que no sólo contribuyan a mantener el ciclo hidrológico y regular el clima, sino para proveer alimento, refugio y hasta medicinas a la humanidad. Díaz Martín señala “que dado que al día, una persona consume en promedio al menos 10 metros cúbicos de aire, se necesitarían al menos 50 árboles jóvenes y sanos por cada ser humano para garantizar la calidad del aire en la tierra”. Sin embargo, aclara, “ello dependería de la especie, la edad y el clima en el cual se desarrolle el árbol, pues ni todos los árboles consumen la misma cantidad de CO2 ni producen la misma cuantía de oxígeno”. Frente a la deforestación y la tala, Díaz señala que “si se queman o talan los árboles, se volvería a liberar a la atmósfera el dióxido de carbono fijado, pero si los conservamos, se convierten en almacenadores de carbono que ayudan a mitigar los cambios climáticos y el calentamiento global”, concluyó.
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