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La posición venezolana en la Cumbre de Copenhagen ha sido valiente, pues las deliberaciones al final de la COP 15 fueron discriminatorias y poco transparentes, y debía romperse el supuesto consenso tras 12 días de deliberaciones. Sin embargo, dentro de nuestras fronteras, es necesario reflexionar sobre aquellos aspectos que realmente nos ayuden a construir una posición y un plan de acción de país para combatir el cambio climático.

María Elisa Febres, Directora de Derecho Ambiental de VITALIS, en el marco de las V Jornadas de Derecho Ambiental y Desarrollo Sustentable realizadas recientemente en la Universidad Metropolitana, refiere algunos aspectos importantes en esta materia, que fue debatido con un centenar de expertos de distintos sectores, incluyendo a estudiantes de al menos 7 universidades, profesionales en ejercicio, organizaciones no gubernamentales y público en general.

La Directora de VITALIS indica que debe apoyarse la  posición de exigir firmemente a los países desarrollados el cumplimiento de los acuerdos de Kioto, y que sean estos países los que continúen y amplíen sus compromisos, dada su responsabilidad mayoritaria en cuanto al problema.   Si bien apoyamos la posición oficial que Venezuela no asuma compromisos formales internacionales de reducción de emisión de GEI (ni tampoco los demás países en desarrollo), se considera que sí deben hacerse voluntariamente los esfuerzos internos para seguir minimizando la producción de estos gases, así como para coadyuvar la captación de Carbono como una respuesta ética al problema.

Asimismo, los expertos reunidos en el referido encuentro compartieron la posición oficial de promover el uso más limpio de las energías fósiles, pero ello debe ir acompañado de una política de promoción de la innovación en materia de energías renovables y tecnologías alternativas. Esto implica la necesidad de redireccionar las inversiones del país en el tema energético.

En cuanto a la posición nacional frente al Mecanismo de Desarrollo Limpio, los asistentes a las V Jornadas de Derecho Ambiental consideraron que deben ajustarse, lo cual pudiera hacerse proponiendo la incorporación de procedimientos que lo limiten, aseguren su cumplimiento eficaz y no permitan desviar el objetivo del convenio de reducir efectivamente las emisiones. En todo caso Venezuela podría fomentar el análisis y la reflexión sobre el MDL de modo de convertirlo en una herramienta más adecuada, sin propender a su eliminación, sino más bien a establecer limitaciones, a fin de conseguir mayor apoyo de otros países en las negociaciones y al mismo tiempo aprovechar para Venezuela las oportunidades que el mecanismo pudiera derivar.

Asimismo, Venezuela pudiera tomar ventaja de las potencialidades que tiene para el secuestro e inyección de CO2 en sus yacimientos de petróleo y gas natural. Para ello, es importante que nuestro país promueva la inclusión de este tipo de proyectos en el marco de las negociaciones como medida de mitigación al cambio climático.

Asimismo, es importante resaltar el tema de la agricultura, que casi no fue discutido en Copenhagen, sea incluido en futuras negociaciones y con mayor responsabilidad. Para ello se debe reconocer, de manera clara y explícita, el papel esencial que la diversidad de cultivos desempeñará en todo lo relativo a la adaptación.

En cuanto a la legislación venezolana, el problema mayor es su falta de aplicación y no la inexistencia de normas (pues tenemos muchas). Sin embargo, es necesario que estos textos jurídicos se actualicen, de modo que incorporen las preocupaciones sobre el cambio climático. Esta actualización es básica en un Estado de Derecho, en el que las obligaciones o prohibiciones a los particulares deben tener base legal o reglamentaria.

VITALIS recuerda asimismo que “la Ley de Gestión Integral de Riesgos da un plazo de un año, que se cumple en enero de 2010, para elaborar las directrices del Plan Nacional de Adaptación al  Cambio Climático”, por lo que es importante estar atentos al cumplimiento de este compromiso.

Uno de los principales problemas identificados -mencionado reiteradamente- ha sido la falta de conciencia (desde el punto de vista individual y público) sobre las consecuencias de las actividades humanas y cómo éstas inciden en el cambio climático, lo que no facilita la asunción de responsabilidades a través de cambios de conducta concretos. Por lo tanto es necesaria una política educativa al respecto, incluyendo la realización de campañas permanentes, y la implementación de esfuerzos educativos a través de medios masivos de comunicación. Debido a los impactos del Cambio Climático en todos los ámbitos de la vida y particularmente en el desarrollo, VITALIS resaltó el rol que las universidades deben jugar en esta materia, actualizando los programas de estudio, e incorporando la problemática del cambio climático en todas las facultades.

Finalmente, VITALIS destaca la necesidad de abordar el cambio climático mediante la integración de esfuerzos entre el sector académico, las empresas, las ONG y las instituciones públicas, con la activa participación de todos los sectores de la sociedad.

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