Resulta alarmante notar como cada año un mayor número de personas, especialmente en sus viajes de vacaciones, adquieren por las diferentes carreteras del país, diversas especies de animales silvestres que de ninguna manera pueden desarrollarse o siquiera sobrevivir en un ambiente doméstico.

Muchas personas consideran que al comprar fauna están contribuyendo a preservarla y al adquirirla evitan que sigan pasando trabajo en la carretera o en el sitio de comercialización. La labor educativa hacia la población venezolana es impostergable para evitar que se sigan adquiriendo animales que atenten contra la sobrevivencia de estas especies. VITALIS, organización ambientalista venezolana no gubernamental, ha iniciado con el apoyo del British Council, dentro de su programa “Global Changemakers”, una campaña con ese objetivo.

A diferencia de las especies domésticas, las especies silvestres necesitan sobrevivir en su ambiente natural. Nuestro hogar y en particular las jaulas, aunque sean muy bonitas y confortables, no son el medio más adecuado pues suelen atemorizar y neurotizar a los animales, y en el caso de las aves les ocasionan daños en las plumas, patas y picos. Al mismo tiempo, los hogares suelen ser muy peligrosos para ellos. Equipos para el confort de los humanos como ventiladores, cocinas, cables eléctricos, mobiliario, puertas y vidrios, pueden ser altamente perjudiciales para los animales, todo ello sin mencionar el daño que pudiera ocasionarle el veneno utilizado para controlar pestes domésticas o la presencia de perros y gatos.

En vías hacía San Carlos, Acarigua, San Felipe, Morón, Lara-Zulia, como en muchas otras del país, se observan personas vendiendo pichones de loros, guacamayas, pericos y monos y perezas bebés, provenientes de ambientes silvestres. Este comercio ilegal continúa proliferando y el número y tipo de especies se ha diversificado, encontrándose hoy diversos animales en los mercados de las grandes ciudades como: Caracas, Barquisimeto, Maracaibo, Maracay y Valencia, donde traficantes instalados en establecimientos populares son capaces de ofrecer y conseguir cualquier especie para sus potenciales clientes.

Lo triste e importante a destacar es que generalmente estos animales, al ser traídos a los centros de distribución, muestran signos de trauma y estrés de captura. Son comunes dedos lesionados o amputados, fracturas, heridas, perdigones incrustados, malnutrición, deshidratación, shock y trauma psicológico, especialmente en los primates. Muchos de estos animales mueren las primeras 24 horas de haber sido comprados. Adicionalmente, las indicaciones sobre cuidados y alimentación dados a los compradores por estos vendedores suelen ser equivocadas y perjudiciales para el animal.

Cada día es más evidente para los veterinarios enfrentar el reto de prestar atención médica a animales silvestres o salvajes que en su gran mayoría han sido adquiridos de una forma ilegal. Deben conocer la taxonomía, biología, costumbres, hábitos de alimentación y enfermedades de muchas especies, para poder mantenerlas adecuadamente y responder apropiadamente a su tratamiento.

Pero también los seres humanos pueden ver afectada su salud al mantener un animal silvestre como mascota. Muchos de estos animales mantienen una flora bacteriana diferente a la de los seres humanos, y su captura y manejo inadecuado hace que sus sistemas inmunológicos se depriman y como consecuencia los animales se enfermen. Esos organismos potencialmente patógenos pueden afectar a los humanos. La trasmisión de enfermedades a los humanos a través de los animales es lo que se llama “zoonosis”. Por ejemplo, los loros, pericos y guacamayas son portadores de un organismo llamado Clamydias, que puede producir enfermedades en los humanos llamada “psitacosis” caracterizada por graves trastornos respiratorios. Por otro lado, las tortugas de agua dulce utilizadas como mascotas, albergan ciertas bacterias como la Salmonella sp. que producen graves problemas gastrointestinales en los humanos.

Un llamado conservacionista

Es una tarea difícil pero necesaria es educar al “propietario de la mascota” sobre la ilegalidad de su adquisición y la traumática forma en que esa cría fue tomada de la naturaleza, destruyendo el nido o el árbol donde se encontraba o asesinando a la madre para quitarle la cría como es el caso de las perezas o los araguatos. Es importante hacer saber que por más afecto y dedicación que se le pueda brindar a un cachorro de un animal peligroso, al crecer, el riesgo para el propietario y sus familiares es muy alto, ya no sólo desde el punto de vista sanitario sino de seguridad.

Muchas personas consideran que al comprar fauna están contribuyendo a preservarla y al adquirirla evitan que sigan pasando trabajo en la carretera o en el sitio de comercialización, podría ser, pero la ayuda es solo temporal y puede llegar a ser inútil. La labor educativa hacia la población venezolana es impostergable para evitar que se sigan adquiriendo animales atentando contra su sobrevivencia .

Vitalis, organización ambientalista venezolana no gubernamental, con el apoyo del British Council, dentro de su programa “Global Changemakers”, ha iniciado una campaña con ese objetivo. “Tu casa NO es su Casa, los animales silvestres no son buenas mascotas; comprándolos, contribuyes a un comercio ilegal que acelera su extinción y pone en riesgo la salud humana” es el mensaje central que debemos multiplicar para colaborar con la solución de tan delicado problema.

¿Por qué “Tu casa no es su casa”?

  1. En su hábitat natural el animal silvestre encuentra todo lo que necesita; en nuestra casa, por mucho cariño, alimento y cuidados que se le brinde, en muy poca medida estaremos contribuyendo a su conservación.
  2. Sin quererlo, le estamos negando al animal la oportunidad de reproducirse.
  3. Los métodos de captura que utilizan los comerciantes de fauna son muy crueles con el animal, pues en algunas oportunidades destruyen árboles, nidos y pueden llegar a matar a la mamá, como es el caso de las perezas y los monos araguatos.
  4. Mientras los trasladan y venden, 80% de los animales mueren por mal manejo. Es decir que por cada animal que llegue vivo al mercado, 4 han muerto.
  5. En casa se desconoce la alimentación de estos animales. En muchas ocasiones les causamos enfermedades o incluso la muerte por brindarles una dieta inadecuada, lo cual puede poner en riesgo nuestra propia salud.
  6. Todos los animales son parte del equilibrio ecológico del lugar donde habitan, ya sea como dispersores de semilla, control mutuo de las especies animales y control de pestes, entre otros. Su captura puede conducirlos irremediablemente a la extinción, ocasionando un grave daño a los ecosistemas naturales.
  7. Algunos animales viven en parejas y otros son eminentemente gregarios. Por esta razón, apartarlo y confinarlo a una jaula acarrearía su tristeza o muerte.
  8. Muchos animales silvestres son territoriales, por lo que requieren de espacios mínimos para sobrevivir mucho mayores a los de un apartamento o casa.
  9. Difícilmente en un hogar se pueden reproducir la temperatura, humedad, suelos, vegetación y microfauna asociada Las condiciones de un hábitat natural son muy específicas.
  10. Los animales silvestres pueden ser (y efectivamente son) trasmisores de algunas enfermedades como la Brucelocis, Tuberculosis, Toxoplasmosis, Hidatidosis, Herpes, Filiariasis, Lishmaniasis, Rabia y Triquinelosis, entre otras. Por ello es tan importante que las especies silvestres sean manejadas por expertos, incluyendo el control veterinario sistemático. (OJO: No queremos asustar, pues los propietarios que tienen animales silvestres, podrían abandonarlos para evitarse un riesgo, ocasionando muchos otros a terceros).
  11. La conducta de los animales es impredecible. Cualquier situación desconocida para ellos podrá generar un comportamiento agresivo.
  12. Los animales silvestres pueden causar daños sin proponérselo. Solo están descubriendo y conociendo el nuevo medio, y pueden actuar en defensa propia.
  13. Muchos animales silvestres son territoriales, por lo que requieren de espacios mínimos para sobrevivir.
  14. Aunque la tenencia no está regulada a nivel nacional, su comercio sí, así que sin querer nos podemos convertir en cómplices de una empresa creciente, en la que además del animal, estamos comprando su incapacidad para sobrevivir.

Consideraciones legales

Para disminuir el comercio ilegal de fauna y flora silvestre, en 1975, se establece uno de los Acuerdos de Cooperación multilateral, en el que Venezuela participa activamente con otros 132 países miembros, como es, la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), la cual regula el comercio internacional de especies amenazadas y en peligro de extinción, como estrategia para la conservación y aprovechamiento de las mismas, utilizando como herramienta principal la regulación directa, expidiendo certificados o permisos de importación, exportación de ejemplares, productos y subproductos de fauna y flora.

La Ley de Protección a la Fauna Silvestre (1970) de la República de Venezuela establece dos artículos: el Art. 76: prohíbe la captura de psitásidos por no estar incluidos en la Lista Oficial de Animales de Caza y el Art. 77: que prohíbe dar muerte a las aves canoras y de ornato las cuales solo tienen valor en vida. Sin embargo, no existe ningún instrumento jurídico que prohíba la tenencia de especies de loros, guacamayas, cotorras y pericos y de otras especies de la fauna para ser mantenidas como mascotas. Este vacío legal ha hecho que su comercialización y tenencia sea cada día más popular por parte de la ciudadanía, que bajo cierta condición de “legalidad” hace que el problema vaya en aumento.

Con muy contadas excepciones, como es el caso de la Alcaldía Libertador en el Distrito Metropolitano, son muy pocas las Alcaldías que protegen y regulan la tenencia de animales silvestres en sus predios.

Es importante hacer notar que la cacería está permitida en la legislación venezolana. Para ello, el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales (MARN) de acuerdo con el Decreto 5.108 (E) del 6/11/96, enlistó los requisitos, especies y temporadas especiales para realizar esta actividad. De acuerdo a esta norma, sólo se permite la caza de aquellas especies vedadas únicamente para fines científicos, de control y de manejo, debidamente autorizadas por el MARN, para lo cual se requiere de una licencia de caza.

Es importante que la cacería solo se puede realizar entre el 1 de noviembre y el 30 de junio, con veda general entre el 1 de julio y el 31 de octubre. Algunas temporadas, como la semana santa, son consideradas de veda.

Por su parte, la Ley Penal del Ambiente contempla en sus artículos 59 y 60. penas por la caza y destrucción en áreas especiales o ecosistemas naturales, tipificando como delito la caza de ejemplares de la fauna silvestre o su destrucción, o los daños a los recursos que les sirvan de alimento o abrigo dentro de los Parques Nacionales, Monumentos Naturales, Refugios o Santuarios de fauna, o en ecosistemas naturales, será sancionado con arresto de tres (3) a nueve (9) meses y multa de trescientos (300) a novecientos (900) días de salario mínimo.

Si los delitos se cometieren por medio de incendios, sustancias químicas, armas de caza no permitidas o cualesquiera otros métodos o artes que aumenten el sufrimiento de las presas o sobre ejemplares vedados o poblaciones de especies que estén en peligro de extinción, o que sin estarlo, sean puestas en peligro de extinción por el delito, cualquiera fuere la zona de la perpetración de éste, la pena será aumentada al doble y el arresto convenido en prisión.

Asimismo, la LPA indica que, con fines de comercio, el que ejerciere la caza o recolectare productos naturales de animales silvestres sin estar provisto de la licencia respectiva, o se excediere en el número de piezas permitidas o cazare durante épocas de veda, será sancionado con prisión de nueve (9) a quince (15) meses y multa de novecientos (900) a mil quinientos (1.500) días de salario mínimo.

Piezas comunicacionales:

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